Taller: ¿Quién no tiene un oscuro pasado?

Este taller online de un mes se dictará a través del Centro Enjambre de Argentina.

Trabajaremos con lecturas modelos y ejercicios de escritura para profundizar en el pasado del personaje. No es lo mismo la “digresión narrativa” que el “tejido del pasado”. Un personaje complejo, sólido y seductor siempre va a proyectar algunas chispas de su pasado. Una escritura hábil y honda permitirá que esas claves surjan en el texto para iluminarlo u oscurecerlo. Leeremos algunos textos breves de Carl Jung para orientarnos, en esa tarea siempre desconocida fascinante que es escribir, y construir el esqueleto afectivo de nuestros personajes.

Modalidad

Cada viernes asignaré las lecturas y tareas. Los talleristas tienen hasta el día martes para enviarme sus textos y respuestas.

Inicio: Viernes 11 de octubre 2019

Duración: 4 semanas

Costo: $1700 (Pesos argentinos)

Información de inscripción y otras consultas:

Diarios desde el culo del mundo

Originalmente publicado en El País, en abril de 2014, escrito por Clara Morales.

Genoveva tiene un padre trotskista y suicida, una madre abnegada, un hermano con síndrome de Down —“opita”, tonto, según su padre; “como un cactus bebé” según ella—, una abuela moribunda y una amiga anoréxica. Genoveva tiene también un diario, y eso es lo que cambia todo. 

98 segundos sin sombra, de Giovanna Rivero (Santa Cruz, Bolivia, 1972), editado por Caballo de Troya, es una mirada indiscreta al mundo adolescente, como leer a escondidas las tribulaciones de una quinceañera. Una Ana Frank de los 80 en un mundo rural latinoamericano avasallado por el narcotráfico.

“Sor Evangelina quería que todas lleváramos un diario, que anotáramos las ‘cosas de nuestra época’, como lo hizo la chica Frank”, cuenta Genoveva como frase fundacional de su incursión en la literatura. El problema es que las cosas de la época de Genoveva no parecen tan relevantes y universales como las de la jovencísima escritora alemana. En el pueblo de Therox —”el Culo del Mundo”, según Genoveva— todo es cotidianidad, pero solo en la superficie. Los años ochenta arrasan el provincianismo ficticio de Therox como lo hicieron con el municipio real de Montero, ciudad de 100.000 habitantes y residencia de infancia de la autora.

“Quizás es una percepción viciada por mi experiencia, pero esa época finisecular, cuando no ha llegado el tecno o el minimalismo, es una bisagra llena de intensidad. Esa tensión entre dos formas de vivir la historia: lo moderno y aquello que mira hacia el pasado; los mitos que [Genoveva] hereda de la abuela y el neoliberalismo brutal que llega al pueblo”. Hello Kitty en la Escuela Salesiana de María Auxiliadora, Freddie Mercury contra el grupo Menudo, narcotráfico contra ruralismo. “Eso generó una sociedad paralela en la que circulaban otros valores, otros símbolos y otra estética. Yo tenía 13 o 14 años cuando me tocó ver esta increíble subversión de la realidad en una situación de completa indefensión”, cuenta Rivero.

La coraza de Genoveva (“un sujeto atravesado por el discurso: el esotérico de su madre, la superstición de la abuela, la jerga del padre”), como la de Giovanna, es el lenguaje. Una vorágine de acidez adulta, asombro infantil, versos de Queen y palabras (“Físika”, “histórika”) escritas con k de okupa, punk y rebeldía. “El lenguaje es también un espacio político. Es el que plantea todo el tiempo el papá de Genoveva [con su retórica comunista], y al que se opone ella a través de un lenguaje joven, sucio, contaminado. Siempre heredamos algo y no siempre de una forma pasiva. Genoveva acepta, a su manera, la responsabilidad política que le toca”, defiende la autora.

El lenguaje de esta adolescente empezó a anunciársele a Rivero en 2007, después de unos años rondando la literatura juvenil con Sangre dulceNiñas y detectives, Helena 2022… Esta incursión en la infancia chocó a los que la habían considerado hasta el momento “la escritora erótica” de Bolivia por libros como Las camaleonas (2001) o Contraluna (2005). “No me molestaba, porque si estaba haciendo una propuesta de lectura así, es lógico que sea recibida en esa misma longitud de onda”, concede la autora. Pero la voz de Genoveva se vio cortada por la mudanza de Rivero a Estados Unidos, donde . El extrañamiento que le produjo la convivencia con Norteamérica le llevó a dejar apartado 98 segundos sin sombra para entregarse por completo a Tukzon. Historias colaterales (2008), un compendio de relatos entre el periodismo y lo fantástico que marcan en gran medida el universo de Therox, un territorio con olor familiar y nombre de “cuerpo sideral”.

Lo que nació en Montero, Santa Cruz, Bolivia, terminó de perfilarse en Gainesville, un municipio de 120.000 habitantes en Florida. En ese paisaje barrunta ahora Para comerte mejor, un futuro libro de relatos cercano a lo fantástico, terreno en el que se siente cada vez más cómoda, pero sin abandonar la política. O “una política no declarada, como parte de la educación sentimental”. La misma que le llevó al encuentro de Genoveva, o la misma que le asalta cada vez que su hija le pregunta: “¿Qué época es mejor, la tuya o la mía?”. Rivero no sabe qué responder, pero sí sabe dónde se asientan sus cimientos: “Sentía una deuda emocional con el momento que viví, y decidí pagarla”.

Humo

Publicado originalmente en Escritores del mundo, en junio de 2012

Los recuerdos inútiles son los más hermosos. Yo tendría, ¿qué?, unos ocho años, cuando llegó a la casa de mis abuelos este muchacho con nombre de pájaro, Piri. Llegó para ayudar a mi abuela en la pequeña industria de embutidos y panadería que tenía instalada en el tercer patio. Porque aunque parezca mentira en esa casa había tres patios y en el tercero, como digo, mi abuela había montado una verdadera industria a vapor de chorizos y panes. Si te aparecías muy de mañanita podías fantasear con la idea de que todo ese humo que las moledoras, hornos, trituradoras, embutidoras y ollas eructaban al unísono era, lógicamente, el febril smog expelido por máquinas de última generación del primer mundo.

Fotografía de Rawpixel.com

En lo que debía ser el vestíbulo de la casa, mi abuelo tenía la oficina del registro civil a la que acudían los migrantes del interior para inscribir a los recién nacidos, a los recién muertos y a los recién casados. Piri decía que ese sí era un trabajo para holgazanes: golpear los botoncitos de un juguete como si en ello se le fuera vida, prohibirles a los pobres que les pusieran a sus hijos nombres gringos como Johnny, Chuck o Michael y, a modo de descanso, jugar solitario haciéndose trampas a uno mismo. El concepto de “máquina de escribir” era absolutamente ridículo para él, pues estábamos acostumbrados a máquinas brutales que convertían la carne en una rojiza masa informe y luego en chorizo. 

Por las tardes Piri era el encargado de medir los metros de tripa de cerdo a utilizarse en la jornada. No es literariamente correcto que uno cuente esto, pero hay que hacerlo. Piri colocaba el balde en el suelo y, sentado con la espalda muy recta, calculaba, tensando con ambas manos tramos y tramos, los metros de esa tela transparente que mi abuela iba a precisar para inflarla con carne triturada. Entonces no me daba asco. Había un placer inexplicable en el chasquido líquido que hacía la madeja de tripas dentro del balde con agua y vinagre y en la cara seria de Piri utilizando las pocas matemáticas que poseía. Me llamaba la atención que Piri se guardara siempre un retacito de esa membrana viscosa en el bolsillo del pantalón, aunque a veces todavía la tripa oliera a mierda. Ponía su índice en la boca para que yo no dijera nada y yo no decía. 

Una tarde mi abuela ordenó a Piri hacer un mandado en la capital. Debió haber regresado esa misma noche, pero no lo hizo. Mi abuela se volcó alma, vida y corazón en averiguaciones dignas de Sherlock Holmes. Interrogó a un par de posibles novias, sostuvo un diálogo tipo mentira-verdad con un apostador de peleas de gallo, se habló de deudas y amenazas, y finalmente tuvo que aceptar la declaración inicial del chofer testigo, un montereño geniudo pero con buena memoria. Simple. Piri había subido a un micro interprovincial, había pagado su pasaje hasta Santa Cruz, aunque existía la opción de hacerlo hasta Warnes, un pueblo intermedio, lo cual, dedujo mi abuela, solo demostraba que el muchacho no había planeado con premeditación y alevosía lo que luego iba a intitularse en la leyenda familiar como “la inexplicable fuga de Piri” o, para los más peladitos, “de cómo Piri se hizo humo”. 

Con el tiempo mi abuela clausuró su industria, más que por su enfermedad, por oscuros motivos que exceden este relato.    Lo cierto es que nunca supimos por qué Piri se bajó en la mitad de la nada, en una zona sin caminos ni granjas ni cultivos, solo pasto, árboles y el Sol que flotaba en una muerte lenta de verano.    Pocos años más tarde, cuando el pueblo estrenó su carretera de asfalto, acompañaba yo a mi abuela a una consulta médica en la capital –sus pulmones, decían las radiografías, eran dos malditas placas carbonizadas-, entonces el micro se detuvo en algún lugar y un chico desnutrido bajó con la mochila a la espalda y echó a andar entre los pastizales, entre el ganado gordo y las chanchas gritonas, como dirigiéndose hacia el Sol.    

Apoyé mi frente en la ventanilla para verlo mejor. ¿Se acabaría el mundo si caminabas y caminabas hasta el final? Yo también tuve ganas de bajarme. El atardecer era inmenso y tibio y ya se podía ver el resplandor de unos lejanísimos pozos petroleros que la gente decía ardían sin cesar y a veces se tragaban de un bocado a las personas, como el infierno. Leyéndome la mente, mi abuela me apretó la muñeca con su mano callosa. Me retenía, a mí o a mis deseos. Y entonces dijo, como si viniera a cuento: la tripa del chancho la usan los hombres para no tener hijos.     Ella, sin duda, podía hacer eso: inflar cualquier cosa con magia o carne molida y luego destruirla.

Proofreading

La palabrita en inglés se refiere, en realidad, a una aguda lectura de prueba que nos permite asegurarnos de que nuestro texto cumple con lo que esperábamos de él. Al mismo tiempo, una lectura con rayos láser nos ayuda a reconocer los puntos débiles y fuertes del universo que hemos creado y dónde debemos tensar mejor sus nudos.

Este servicio de rayos láser no incluye la corrección ortográfica (ese es un servicio distinto), pero sí consejos de edición, estilo y tejido literario con respecto a la versión que envíes. Asimismo, si lo que necesitás es un seguimiento extendido para revisar tu texto en más de una oportunidad, te recomiendo que considerés la clínica de escritura.

Me han dicho que soy una lectora de gran sensibilidad y que soy capaz de detectar en un texto su esqueleto fundamental y el ánima que lo habita. A lo largo de los años muchas amigas y amigos me han enviado sus cuentos, novelas, ensayos y artículos académicos (sobre literatura hispanoamericana) para escuchar mi retroalimentación. Creo que mis devoluciones les fueron de gran utilidad.

Si necesitás poner a prueba de lectura un texto, yo puedo ayudarte con eso.

Costo de Proofreading de un cuento de hasta diez páginas: U$ 22. Recibirás una hoja de Word con consejos, comentarios y observaciones muy específicas.

Si tu texto no es un relato y/o si excede las diez páginas, podés escribirme para consultar precios del servicio.

Talleres literarios con enfoques especializados

A lo largo del año imparto talleres de 4 ó 5 sesiones con enfoques específicos que pueden llevar tus búsquedas a otro nivel. La ciencia ficción, la estética gótica, el personaje que funciona como “doble” o “duplicado”, la escritura delirante, la voz de la infancia, la sutil perturbación del cotidiano, el trabajo artesanal de los diálogos, escribiendo para lectores jóvenes, la escritura de reseñas, son sólo algunos de los temas que iré ofreciendo desde mi casa virtual.

Trabajaremos en pequeños grupos, pues en la modalidad del taller comunitario es importante entregarnos, confiar en el oído y la sensibilidad ajena que, a manera de un profundo espejo, te devolverá las claves necesarias para desnudar tu propia escritura y descubrir su verdadero corazón. El costo de los talleres especializados es de U$ 70

Taller individualizado

En este tipo de acompañamiento trabajo junto a vos para ayudarte a pulir y fortalecer tus habilidades en la escritura literaria.

La voz propia, el tono, la solidez y hondura de un personaje, el avance dramático, los distintos niveles de tu historia, la tradición con la que tu escritura dialoga, el modo en que podés salir de tu zona de confort para desafiar lo conocido, los excesos y manías que pueden amenazar la fuerza de tu teclado, son todos aspectos que importan y que podemos y debemos mirar de frente. Para este tipo de desarrollo de la musculatura creativa lo ideal es trabajar con el género del cuento.

La modalidad de este “coaching literario” online es la siguiente:

1. Entrevista preliminar vía email o Skype para conocerte y conocer tus inquietudes y deseos en relación a tu camino literario.

2. Desarrollo del taller individualizado: Los días lunes te asigno la lección y la tarea de la semana. Tenés hasta el día sábado para enviarme tu producción. El próximo lunes te hago la devolución de tu trabajo y te asigno el contenido de la siguiente semana.

3. Una de las cuatro sesiones (considerando la duración natural de un mes) de nuestra comunicación online puede ser reemplazada -si ese es tu deseo- por una conversación vía Skype o Zoom.

Costo por mes (cuatro sesiones): U$ 55